26

mar 2014

Arena en los calzones. Un viaje por el Oeste americano.

Llevo tres años viviendo en Utah. Un sitio muy raro. Ahora que el final de mi estancia se acerca, observo con vértigo la cantidad de cosas que me queda por conocer en este estado y en sus alrededores. Por suerte durante estos últimos meses viajaré bastante. Intentaré contar algo de estos viajes, algunos más largos y otros cortos, que voy a emprender. Ahora es el momento en que, según mi opinión, el lector tendría que ir al final del texto y pulsar el reproductor del enlace a Youtube. Después de ello, puede seguir leyendo.

Viajar en coche por el Oeste de Estados Unidos es ya de por sí una experiencia. No hace falta que pase nada emocionante para que se convierta en algo bonito. Las carreteras son amplias y con poco trafico, las rectas interminables y el sol suele entrar con fuerza por algún lado del vehículo. Por las ventanas se pueden ver ciervos, antílopes u otros animales. A veces desierto y solo desierto. Parar en las gasolineras o en las áreas de servicio es igualmente interesante y la fauna que ahí te puedes encontrar es más peculiar todavía. Para conocer Estados Unidos no hay que ir a Nueva York o Los Ángeles, hay que viajar por lo que la gente llama América profunda y que no es más que la América real. Ranchos abandonados a la orilla de la carretera, salidos de una película del oeste y devorados por el fuego o el paso del tiempo. Vacas que pacen y caballos que galopan sin dirección aparente. Ciervos y mapaches atropellados descansando en el arcén. Una gasolinera abandonada y ocupada por un puñado de alpacas que rebusca entre el cemento pequeños brotes de hierba para comer.

Utah es un estado semidesértico situado en un altiplano con enormes lagos de agua salada. Una Iglesia que predomina por encima de todo y una densidad media de población de algo más de diez habitantes por kilómetro cuadrado. Son pocos y pequeños los núcleos urbanos y muchos los Parques Nacionales y los espacios protegidos. Posee muchos contrastes y en su aparente sobriedad paisajística se oculta una riqueza difícil de apreciar e imposible de abarcar en una vida. Es el escenario de cientos de películas que han alimentado la idea general que sobre el desierto del Oeste se tiene. También es el espacio donde han transcurrido páginas y páginas de la literatura americana actual más importante y gamberra,me vienen a la cabeza, entre otros,  Jim Dodge o Edward Abbey con su Stone Junction o su gamberra Banda de la Tenaza.

Al margen de todo ello es un lugar como ninguno para la práctica de los deportes de montaña, riesgo, aventura o como se los quiera llamar. Para viajar por la naturaleza, básicamente. Posee zonas de escalada famosas en el mundo entero, ríos de referencia mundial en el mundo de las aguas bravas o lo que reza en las matrículas de sus coches: la mejor nieve del mundo (esto último aveces no es verdad, como este año).

Ahora emprendemos este viaje o estos viajes a bordo de un Ford blanco de segunda mano comprado a un dealer veterano de Corea, fumador compulsivo, algo charlatán y bastante simpático que vive al sur de mi pueblo. Esperemos que aguante y nos lleve al menos a una buena parte de esos millones de sitios que siempre quedan en el tintero por conocer.





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