24

ago 2015

La aventura a la puerta de casa.

Pocos días antes de irme a vivir al extranjero he logrado hacer algo a lo que llevaba mucho tiempo dando vueltas: un viaje en kayak hinchable cargando con el material de escalada en el que pudiese descender un río e ir escalando por el camino. Con menos tiempo del que me hubiese gustado logré sacar unos días junto con Alfredo, otro amigo que ha sucumbido ante la versatilidad y ligereza del mundo del packraft. Alfredo, a parte de sacarme de cualquier sitio escalando, olvidarse los mapas, ser capaz de correr descalzo durante kilómetros después de una jornada agotadora y viajar con todo el material completamente calado dentro de la mochila, es vecino de un pueblo de Guadalajara, a las puertas del Parque Natural del Alto Tajo.

Este lugar se ha convertido un poco en mi obsesión en las últimas semanas y he tenido que hacer más de un viaje para comprobar que es el terreno de aventura más salvaje de los que se encuentran en nuestra península. ¡Las sorpresas que te encuentras a la puerta de tu casa! Menos mal que los límites de la aventura son los de nuestra imaginación y que con un poco de esta última puedes crear autenticas odiseas a la puerta de tu casa. Una vez más no hace falta cruzar el charco ni ir a remotos países para perderse en una naturaleza salvaje donde escalar, remar o dormir en la más absoluta de las soledades. Y en pleno mes de agosto.

Este viaje ha sido sólo una pequeñísima aproximación, una prospección para aventuras más largas, una toma de contacto. Pero la formula funciona y volveremos con nuestros kayaks hinchables cargados con cuerdas, mosquetones y demás juguetes. Os dejo algunas fotos y sólo os cuento que remamos tres días en un agua transparente como un cristal, dormimos en refugios a la vera del río y escalamos torres de caliza en completa soledad. Un paraíso.





    Últimas entradas

    23 marzo 2017
    Blog El Explorador (El tiempo hoy): Un encuentro esperado: los cien 'lobitos' marinos jugando en la playa de Sally Rocks

    Uno de mis lugares preferidos de los que se encuentran en las inmediaciones de la base antártica donde trabajo es la playa de Sally Rocks. Hasta ella se puede llegar con moto de nieve o con zódiac en menos de una hora desde nuestra base. He ido multitud de veces durante los nueve años que llevo trabajando aquí pero ayer nos encontramos con algo que nunca antes habíamos visto.

    16 marzo 2017
    Blog El Explorador( El Tiempo Hoy): ¡Peligro, grietas! Así protejo cada día la vida de los científicos españoles en la Antártida

    Llegué a la Antártida, aunque esta vez crucé el canal de Drake en menos de tres horas a bordo de un cómodo avión. Nada más llegar a la isla de Rey Jorge nos recibió el viento frío de un día gris con algo de llovizna. Tras un paseo hasta la playa, unas zódiacs nos llevaron a bordo del buque Hespérides, por fin secos y calientes.

    10 marzo 2017
    Blog El Explorador (El Tiempo Hoy): ¡A bordo del barco de Darwin!

    En el camino hacia mi lugar de trabajo, en la Antártida, he de hacer unos días de escala y espera en la ciudad de Punta Arenas. Son ya muchos los años que he pasado por aquí y le he cogido un cariño especial a esta ciudad que, no sé muy bien porqué, llaman la perla de Magallanes.

    28 febrero 2017
    Blog El Explorador (El Tiempo Hoy): Tardo 4 aviones, 2 autobuses, 3 barcos y 7 días en llegar a mi oficina en la Antártida

    Hay gente que tarda pocos minutos en llegar a su lugar de trabajo. Otros tienen que coger el coche, el tren o el autobús y tardan mucho más. Incluso horas. Yo empleo, en el mejor de los casos, una semana. En total mi viaje hasta la base antártica Juan Carlos I donde trabajo me supone coger un taxi, cuatro aviones, dos autobuses, un barco y un par des zódiacs. Con ello, y en siete días aproximadamente, llego a mi oficina.

    13 febrero 2017
    Blog El Explorador( El tiempo Hoy): Los vecinos en la Antártida: la importancia de un amigo y un balón de fútbol en el frío

    Aunque vivamos en una isla en la Antártida llena de hielo y separada cientos de kilómetros de tierra firme, tenemos vecinos. En la isla que estamos, llamada Livingston, existen más bases de otros países. Algunas son solo pequeños campamentos o refugios, como los de 'Cabo Shirreff' o la península Byers. Allí pasan los meses de verano algunos investigadores americanos o chilenos, pero apenas tenemos contacto con ellos puesto que su aproximación es compleja.