15

may 2012

Ogden Canyon

Un cañón tallado con fuerza por el río Ogden conecta la ciudad del mismo nombre con sus altas montañas. Es la puerta de acceso a las estaciones de esquí, a las cumbres altas cubiertas todavía por parches de nieve húmeda. El cañón está flanqueado por paredes de cuarcita naranja que se iluminan con el atardecer. Es una maraña de agujas, paredes, roca descompuesta y canales con roquedales que bajan hasta la carretera. La vegetación es austera y recia, con enhebros, algún que otro roble y plantas venenosas.  La carretera no tiene arcenes y puedes elegir entre caerte al río o que te atropelle un coche cuando caminas desde tu vehículo hasta la zona elegida para escalar. Ajeno a los coches que lo transitan –grandes rancheras, cuatro por cuatro y algún que otro autobús amarillo- un mundo aparte se desarrolla en los pocos kilómetros de cañón que conducen, desde su entrada, hasta el bar restaurante de carretera The Oaks. Si quieres saber cómo va la temporada de pesca este año, dónde se han visto los últimos pumas en la zona, o en qué lugar ha caído la avalancha, sólo tienes que tomarte un café en The Oaks y te pondrán al día. Mientras, más abajo, unos pocos escaladores recorren los entresijos verticales del cañón acompañados del ruido constante del río y el paso de los coches.

Los diferentes sectores en el cañón se encuentran diseminados y a veces debes recorrer centenares de metros por el borde de la carretera y subir por una ladera empinada con piedras que entierran tus botas hasta el tobillo mientras caen rodando hasta los coches. Y todo ello sólo para escalar una aguja de roca descompuesta y descender rapelando desde dos antiguos clavos forjados en el taller de algún antiguo trampero (Diamond Spire). Aventura en estado puro, con aproximaciones incómodas, pies de vía poco confortables y seguros con los que desarrollar toda tu imaginación. Sacar el ábaco y la calculadora para ver de qué manera puedes sacar el máximo provecho a una grieta y un tronco de enhebro seco y ancho como mi brazo. Vías de hasta tres largos y  algo más de un centenar de metros, pocos seguros y poca dificultad pero aventura garantizada.

Mikel y Chris han estado conmigo en la exploración del cañón, Han confiado en mis ideas y planes de bombero. Mikel ha mirado con ojos de dibujo animado los cordinos de los que hemos rapelado y ha confiado en mi para recorrer sus paredes descompuestas y sus canales pedregosas. Su compañía ha refrescado mi ánimo en estos días calurosos, donde el verano avanza en el desierto de esta meseta que cabalga sobre extremos clímaticos con la naturalidad propia del paso de las estaciones. El calor de estos días de primavera se diluye en el frescor del cañón, donde la brisa se canaliza entre las paredes  y las gélidas aguas del deshielo  refrescan el ambiente cargado.

A la sombra de los pequeños arboles el cañón es un campo de aventura perfecto y se encuentra a menos de diez minutos de mi casa. Un lugar que no tiene demasiados valores en cuanto a escalada se refiere, con mala roca, más musgo que un belén  y vías muy desiguales,  pero al que he desarrollado en poco tiempo el cariño que se siente hacia esas escuelas de escalada locales de las que uno vive cerca. Con ganas e imaginación la aventura siempre se encuentra cerca de casa.

 

Más información:

Ogden area Climbing guide. From Brighman city to Echo Canyon. Autor David G.Robb (Editorial Sharp End Publishing)





    Últimas entradas

    23 marzo 2017
    Blog El Explorador (El tiempo hoy): Un encuentro esperado: los cien 'lobitos' marinos jugando en la playa de Sally Rocks

    Uno de mis lugares preferidos de los que se encuentran en las inmediaciones de la base antártica donde trabajo es la playa de Sally Rocks. Hasta ella se puede llegar con moto de nieve o con zódiac en menos de una hora desde nuestra base. He ido multitud de veces durante los nueve años que llevo trabajando aquí pero ayer nos encontramos con algo que nunca antes habíamos visto.

    16 marzo 2017
    Blog El Explorador( El Tiempo Hoy): ¡Peligro, grietas! Así protejo cada día la vida de los científicos españoles en la Antártida

    Llegué a la Antártida, aunque esta vez crucé el canal de Drake en menos de tres horas a bordo de un cómodo avión. Nada más llegar a la isla de Rey Jorge nos recibió el viento frío de un día gris con algo de llovizna. Tras un paseo hasta la playa, unas zódiacs nos llevaron a bordo del buque Hespérides, por fin secos y calientes.

    10 marzo 2017
    Blog El Explorador (El Tiempo Hoy): ¡A bordo del barco de Darwin!

    En el camino hacia mi lugar de trabajo, en la Antártida, he de hacer unos días de escala y espera en la ciudad de Punta Arenas. Son ya muchos los años que he pasado por aquí y le he cogido un cariño especial a esta ciudad que, no sé muy bien porqué, llaman la perla de Magallanes.

    28 febrero 2017
    Blog El Explorador (El Tiempo Hoy): Tardo 4 aviones, 2 autobuses, 3 barcos y 7 días en llegar a mi oficina en la Antártida

    Hay gente que tarda pocos minutos en llegar a su lugar de trabajo. Otros tienen que coger el coche, el tren o el autobús y tardan mucho más. Incluso horas. Yo empleo, en el mejor de los casos, una semana. En total mi viaje hasta la base antártica Juan Carlos I donde trabajo me supone coger un taxi, cuatro aviones, dos autobuses, un barco y un par des zódiacs. Con ello, y en siete días aproximadamente, llego a mi oficina.

    13 febrero 2017
    Blog El Explorador( El tiempo Hoy): Los vecinos en la Antártida: la importancia de un amigo y un balón de fútbol en el frío

    Aunque vivamos en una isla en la Antártida llena de hielo y separada cientos de kilómetros de tierra firme, tenemos vecinos. En la isla que estamos, llamada Livingston, existen más bases de otros países. Algunas son solo pequeños campamentos o refugios, como los de 'Cabo Shirreff' o la península Byers. Allí pasan los meses de verano algunos investigadores americanos o chilenos, pero apenas tenemos contacto con ellos puesto que su aproximación es compleja.