21

ene 2013

Páginas en blanco 17. Una boya.

Un amigo me dice que no hay nada como no tener ni puta idea de algo como para que la gente te entienda al contarlo. Eso es básicamente en lo que consiste mi tarea en este rincón del mundo: en hacer cosas que no sabes para qué ni por qué las haces. A través de estas páginas hablo de cosas que, en realidad, no conozco. Artilugios que no entiendo  y que manejo con soltura. Trabajos como meter nieve en una bolsa, cavar agujeros, subir con aparatos pesados a cumbres donde, aunque te hagas el interesante, no entiendes nada cuando te explican  para qué sirven. Levantar antenas que en realidad no logras comprender  lo que miden. ¿Es bueno de verdad para el pingüino que le metan un bastoncillo por el culo?  A veces puedes perder el norte y plantearte si tampoco  los demás  saben lo que hacen y en realidad todo forma parte de una gran comedia sin sentido.  Aún así el absurdo es interesante y muchas veces incluso bello. Esta mañana  he encontrado una boya en mitad de una llanura. Una boya blanca descansando sobre el terreno cientos de metros dentro de la costa. Una boya blanca, nueva y reluciente. En un paisaje plano, austero, olvidado y grisáceo. Como cuando me encontré  un microondas en mitad de una pared de escalada. Visible desde cientos de metros de distancia por la incongruencia que genera un elemento discordante en mitad del paisaje. La boya tiene una forma precisa de líneas suavemente curvadas. Es enorme, casi más alta que yo y no del todo redonda. Puede venir de cualquier lugar del mundo y ha terminado en este paisaje inhóspito y perdido. Y yo he dado con ella. Pero como elemento contaminante debía salir de este santuario de la naturaleza. Para ello la he llevado hasta el punto de desembarco, en la playa. Es muy pesada y arrastrarla no es tarea fácil así que la he conducido rodando por la planicie musgosa, como un juego de niños antiguo o un personaje sin gracia del Circo del Sol. La gran bola elástica botaba con toda irregularidad del terreno y enseguida cogía velocidad y pegaba grandes saltos. Yo corría detrás como un adulto retrasado enloquecido con su juguete nuevo. En mitad de la Antártida, un tío alto y desgarbado corriendo y saltando con su brillante esfera. Con la cara de felicidad de alguien que por fin entiende lo que está haciendo.





    Últimas entradas

    23 marzo 2017
    Blog El Explorador (El tiempo hoy): Un encuentro esperado: los cien 'lobitos' marinos jugando en la playa de Sally Rocks

    Uno de mis lugares preferidos de los que se encuentran en las inmediaciones de la base antártica donde trabajo es la playa de Sally Rocks. Hasta ella se puede llegar con moto de nieve o con zódiac en menos de una hora desde nuestra base. He ido multitud de veces durante los nueve años que llevo trabajando aquí pero ayer nos encontramos con algo que nunca antes habíamos visto.

    16 marzo 2017
    Blog El Explorador( El Tiempo Hoy): ¡Peligro, grietas! Así protejo cada día la vida de los científicos españoles en la Antártida

    Llegué a la Antártida, aunque esta vez crucé el canal de Drake en menos de tres horas a bordo de un cómodo avión. Nada más llegar a la isla de Rey Jorge nos recibió el viento frío de un día gris con algo de llovizna. Tras un paseo hasta la playa, unas zódiacs nos llevaron a bordo del buque Hespérides, por fin secos y calientes.

    10 marzo 2017
    Blog El Explorador (El Tiempo Hoy): ¡A bordo del barco de Darwin!

    En el camino hacia mi lugar de trabajo, en la Antártida, he de hacer unos días de escala y espera en la ciudad de Punta Arenas. Son ya muchos los años que he pasado por aquí y le he cogido un cariño especial a esta ciudad que, no sé muy bien porqué, llaman la perla de Magallanes.

    28 febrero 2017
    Blog El Explorador (El Tiempo Hoy): Tardo 4 aviones, 2 autobuses, 3 barcos y 7 días en llegar a mi oficina en la Antártida

    Hay gente que tarda pocos minutos en llegar a su lugar de trabajo. Otros tienen que coger el coche, el tren o el autobús y tardan mucho más. Incluso horas. Yo empleo, en el mejor de los casos, una semana. En total mi viaje hasta la base antártica Juan Carlos I donde trabajo me supone coger un taxi, cuatro aviones, dos autobuses, un barco y un par des zódiacs. Con ello, y en siete días aproximadamente, llego a mi oficina.

    13 febrero 2017
    Blog El Explorador( El tiempo Hoy): Los vecinos en la Antártida: la importancia de un amigo y un balón de fútbol en el frío

    Aunque vivamos en una isla en la Antártida llena de hielo y separada cientos de kilómetros de tierra firme, tenemos vecinos. En la isla que estamos, llamada Livingston, existen más bases de otros países. Algunas son solo pequeños campamentos o refugios, como los de 'Cabo Shirreff' o la península Byers. Allí pasan los meses de verano algunos investigadores americanos o chilenos, pero apenas tenemos contacto con ellos puesto que su aproximación es compleja.