23

ene 2013

Páginas en blanco 19. Niebla.

Hace días que el campamento amanece sumergido en una niebla densa. Tan espesa que impide ver el mar desde la tienda. La humedad es muy alta y dentro de nuestras viviendas los sacos aparecen calados en la zona de los pies así como las esterillas. El viento ha desaparecido, o caído como diría un marino, pero en su lugar se ha instalado esta niebla blanca y compacta. Llegó, silenciosa, el día del desembarco acompañando a  los nuevos científicos que venían a bordo del buque Hespérides. Hicieron varios intentos  de aproximación con sus Zodiacs hasta la playa pero en  más de una ocasión hubieron de retornar al buque por la falta de visibilidad. En un mar frío y tempestuoso como es este, permanecer a la deriva por falta de visibilidad sin encontrar la costa o el buque nodriza puede ser un problema grande. Los investigadores, agrupados en el interior de la embarcación con sus trajes de supervivencia, pasaron mucho tiempo abordo hasta que la Zodiac halló el rumbo correcto y establecieron contacto visual con la playa. Desde esta, recibimos su aproximación con alegría, viendo aparecer entre la densa niebla un par de objetos negros que poco a poco se fueron dibujando como embarcaciones con personas dentro. Caras nuevas con trajes de supervivencia de llamativos colores. Nuevas voces y colores entre las nubes. Tras más de tres semanas viviendo en un grupo tan reducido la llegada de nuevas personas es un gran estímulo.  Y si son tus amigos, más.

En el campamento hay una tranquilidad rara, que sobrecoge un poco. En un lugar tan solitario, la presencia de la niebla da un toque fantasmal a la escena.  Cuando nos internamos en el interior de la península la orientación es complicada, el paisaje es monótono y sin tener el mar como referencia resulta fácil perderse. Caminamos por ella con la cabeza agachada y la vista clavada en el GPS como autómatas en un mundo de nubes. La falta de viento genera un silencio sobrecogedor, la sensación es que falta algo o alguien y ver la bandera caída  se hace raro.

Este es uno de los pocos años que nos hemos acordado de izar la bandera en lo alto del mástil de comunicaciones. Todas las bases científicas en la Antártida elevan su bandera correspondiente. Junto a ella flamean la de los países de las personas que estén en ese momento en la instalación. La colaboración entre países es habitual en este continente carente de soberanía. El primer año que trabajé en este campamento correspondía con el año polar internacional,  acudieron una gran cantidad de científicos de diferentes lugares del mundo. Nuestro pequeño mástil de comunicaciones albergaba banderas de muchos países diferentes cada semana. Parecía un camping de Levante en pleno verano.

Ahora comienza la cuenta atrás en nuestro modesto refugio. Ya hemos sido informados que en pocos días se procederá al cierre del campamento por esta temporada. Los investigadores ultiman sus trabajos y nosotros comenzamos a organizar el levantamiento de toda la logística desplegada en el lugar. Hasta entonces, me temo,  continuaremos trabajando entre las nubes.





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