04

feb 2013

Páginas en blanco 23. Fin.

Un año más espero el vuelo que me llevará a Chile desde la isla Rey Jorge, en el archipiélago Shetland del Sur,  Antártida. Desde aquí pongo punto y final a las páginas en blanco.

Espero que alguien las haya leído y, si lo ha hecho, que las haya disfrutado y hayan servido para evadirse, aunque sea unos segundos, de la rutina. Todos los años, y hasta que los recortes en Ciencia lo permitan, el programa antártico español envía hasta este continente a cientos de personas. La campaña antártica se pone en marcha con la intención de estudiar diferentes aspectos científicos de la zona. Al margen de los proyectos que se llevan a cabo, difíciles de comprender para la mayoría, el programa antártico español mueve cada año cientos de personas hasta este rincón lejano e inhóspito del planeta. Por encima de todo, de datos, muestras y experimentos, la campaña antártica la componen las personas. Gente que padece frío, humedad y echa de menos su casa. Individuos que se marean en los barcos y que se emocionan al hablar por teléfono con sus hijos. La labor de los técnicos, entre los que me encuentro, es la de hacer un poco más fácil la vida en este entorno. Al mismo tiempo,  mi intención con estas páginas en blanco es la de desvestir la campaña científica de su aparente seriedad y mostrar, en un lenguaje comprensible, parte de la actividad que tiene lugar  en el continente helado.

He escrito estas páginas en blanco en su mayor parte, por la noche, en el iglú de habitabilidad o en la tienda de campaña. Podrían haberse llamado Páginas en negro pues a veces tenía que bajar la luminosidad de la pantalla al mínimo para que la batería durase lo suficiente para poder escribir el texto. De ahí, a menudo, su brevedad. Los textos han sido escritos rápido,  a vuelapluma, sin tiempo para ser releídos y corregidos. Pido disculpas por los  errores que haya cometido durante su escritura.

Y a aquellos que los hayan seguido agradezco su compañía imaginaria.





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