01

jul 2015

Travesía sur-norte de Islandia. A pie y en packraft

En junio de 2015 realicé, junto a tres compañeros, la travesía de Islandia desde Vik, en la costa sur hasta Akureyri, en la costa norte. Fueron un total de 370 kilómetros aproximadamente y tardamos trece días en recorrerlos. El grupo lo formamos cuatro personas: Juan Carlos Jiménez, Eduardo Muñoz, José Carmelo Peñate y yo.

Cambiamos una y mil veces de ruta a la hora de planearla y al final decidimos evitar el cruce del glaciar, inicialmente planeado. Efectuamos el recorrido a pie y en kayak hinchable (packraft). El viaje tuvo lugar la segunda mitad de junio y encontramos mucha más nieve de la esperada debido a que había nevado de manera exagerada según cuentan los locales. Dormimos parte del viaje en refugios y la otra parte en una tienda de campaña ultraligera. Empleamos nuestros packrafts para cruzar varios ríos y también para descender un par de ellos. En principio pensábamos remar más de lo que lo hicimos pero el viaje fue más exigente de lo planeado y tuvimos que acortar el itinerario previsto. Excepto Curro (Juan Carlos Jiménez) todos nosotros llevamos zapatillas de trekking ligeras que para remar y para caminar sobre seco eran perfectas pero que tuvimos que emplearlas sobre nieve la mayor parte del viaje. El resultado fue tener los pies con frío y mojados durante todo el viaje además de sabañones y otras pequeñas lesiones. El paisaje de Islandia es espectacular y su variedad combina enormes glaciares a cuyos pies caminábamos así como, campos de lava, cortados llenos de musgo y ríos y lagos por doquier, un terreno increíble para la aventura.

El tramo final lo hicimos descendiendo el río que desemboca en Akureyri. Tras un inicio tranquilo nos internamos en la boca del lobo en forma de cañón con rápidos difíciles. El resultado rozó el desastre, perdimos algún remo y volcamos en las peligrosas aguas, uno de nuestros kayaks fue recuperado por una granjera islandesa unos cuantos kilómetros más abajo. Continuamos remando donde el río ya no presentaba dificultades y tuvimos que llegar al aeropuerto de la ciudad, donde concluimos nuestro viaje, caminando por la carretera los últimas diez kilómetros. El aeropuerto se encuentra junto al fiordo y en dimos por finalizado el recorrido.

Exceptuando el primer día apenas nos llovió durante el viaje. Tuvimos tres días con niebla muy cerrada, ello tuvo lugar en la parte alta de la isla, en la zona central, donde nos encontrábamos a una altitud que oscilaba entre los ochocientos y los mil metros. El resto de los días el sol salió a menudo y dos de ellos fueron totalmente soleados, en general tuvimos mucha suerte con la climatología. La temperatura no bajó de cero ninguna noche y el viento sopló en contra (de componente norte principalmente) los días finales.

En este viaje tuvimos que afinar con el material pues llevábamos mucha carga con nosotros y solamente con el material más ligero hubiese sido posible progresar. En el cuadro de abajo podéis ver el material empleado. En general creo que acertamos bastante con el equipo, sobre todo en cuestión de frío y ropa estanca. El elemento más crítico fue el calzado, sobre todo debido a la abundante nieve. Si repitiese el viaje supongo que llevaría unas botas de trekking ligeras, aunque es algo que tampoco tengo del todo claro. Supongo que con unos esquís de backcountry y unas botas de BC de cuero ligeras hubiésemos disfrutado mucho más y el peso de los esquís tampoco hubiese sido excesivo. Aún así cualquier otro junio no debería de haber tanta nieve y caminando imagino que se hará con más comodidad. El packraft lo usamos menos de lo deseado. Aún así fue fundamental a la hora de cruzar ríos, una de las principales dificultades del viaje, y los ríos que remamos, aunque pocos, fueron de una belleza espectacular.

Aquí puedes ver más imagenes y la información sobre nuestro viaje.





    Últimas entradas

    23 marzo 2017
    Blog El Explorador (El tiempo hoy): Un encuentro esperado: los cien 'lobitos' marinos jugando en la playa de Sally Rocks

    Uno de mis lugares preferidos de los que se encuentran en las inmediaciones de la base antártica donde trabajo es la playa de Sally Rocks. Hasta ella se puede llegar con moto de nieve o con zódiac en menos de una hora desde nuestra base. He ido multitud de veces durante los nueve años que llevo trabajando aquí pero ayer nos encontramos con algo que nunca antes habíamos visto.

    16 marzo 2017
    Blog El Explorador( El Tiempo Hoy): ¡Peligro, grietas! Así protejo cada día la vida de los científicos españoles en la Antártida

    Llegué a la Antártida, aunque esta vez crucé el canal de Drake en menos de tres horas a bordo de un cómodo avión. Nada más llegar a la isla de Rey Jorge nos recibió el viento frío de un día gris con algo de llovizna. Tras un paseo hasta la playa, unas zódiacs nos llevaron a bordo del buque Hespérides, por fin secos y calientes.

    10 marzo 2017
    Blog El Explorador (El Tiempo Hoy): ¡A bordo del barco de Darwin!

    En el camino hacia mi lugar de trabajo, en la Antártida, he de hacer unos días de escala y espera en la ciudad de Punta Arenas. Son ya muchos los años que he pasado por aquí y le he cogido un cariño especial a esta ciudad que, no sé muy bien porqué, llaman la perla de Magallanes.

    28 febrero 2017
    Blog El Explorador (El Tiempo Hoy): Tardo 4 aviones, 2 autobuses, 3 barcos y 7 días en llegar a mi oficina en la Antártida

    Hay gente que tarda pocos minutos en llegar a su lugar de trabajo. Otros tienen que coger el coche, el tren o el autobús y tardan mucho más. Incluso horas. Yo empleo, en el mejor de los casos, una semana. En total mi viaje hasta la base antártica Juan Carlos I donde trabajo me supone coger un taxi, cuatro aviones, dos autobuses, un barco y un par des zódiacs. Con ello, y en siete días aproximadamente, llego a mi oficina.

    13 febrero 2017
    Blog El Explorador( El tiempo Hoy): Los vecinos en la Antártida: la importancia de un amigo y un balón de fútbol en el frío

    Aunque vivamos en una isla en la Antártida llena de hielo y separada cientos de kilómetros de tierra firme, tenemos vecinos. En la isla que estamos, llamada Livingston, existen más bases de otros países. Algunas son solo pequeños campamentos o refugios, como los de 'Cabo Shirreff' o la península Byers. Allí pasan los meses de verano algunos investigadores americanos o chilenos, pero apenas tenemos contacto con ellos puesto que su aproximación es compleja.